Uno de esos días que ya no alcanzas a localizar en el calendario, nuestra colega Elena Banyeres, profesora en una EOI de Cataluña, me despertó a un problema que, quizá por mi poca afición a las disciplinas orientales, nunca me había saltado en clase de este modo. Me lo comentaba Elena así:

Hoy he tenido este dilema en clase: Si «lavarse las manos», admite el pronombre reflexivo -como CI al especificarse el objeto directo implicado en la acción «las manos»- …¿Por qué en los verbos de movimiento tipo estirar, flexionar, doblar… y más que pueda imaginarse al dar instrucciones en ejercicios de yoga o de taichí, por poner el caso, no se usa el pronombre reflexivo, siendo que la acción también involucra al mismo sujeto que la realiza?

Fruto de ulteriores discusiones con la propia Elena (sumadas a la aguda revisión de Ana Isabel Díaz y a mis últimas decisiones en solitario) fue la siguiente secuencia de actividades para llevar a clase (con link a un cuaderno del alumno en el índice) que yo aún ni siquiera he probado en el aula. Quiere esto decir, como me indica tozudamente la experiencia, que la cosa, muy probablemente, comparta fallos con escopetillas de feria, y que por tanto necesitará de muchos arreglos todavía (sobre los que aquí, por cierto, se puede opinar).

En todo caso, tomen ustedes lo que funcione bien como mérito de Elena y Ana, y lo que no, como despiste mío.