Oliveria sabe de lo que habla. Durete piensa que vale, que la regla no es perfecta, pero el libro al menos le da algo para echarle a los estudiantes. Piensa, en definitiva, que en el reino de los ciegos, la regla tuerta es la reina.

No es así. Y se descubre con espanto a poco que se razone:

  1. LA REGLA DE LA MONEDA AL AIRE

    Las posibilidades de que después de «Ayer» se use un Imperfecto, o después de «Cuando era pequeña» un Indefinido, son exactamente las mismas que las de que se use la forma contraria en cada caso, ya que no es una cuestión de frecuencia, sino que siempre depende de lo que se quiere decir. Esto conduce a una conclusión pedagógicamente alarmante: armados con esta regla, los estudiantes tienen tantas posibilidades de acertar como si tiraran una moneda al aire. Es más, mucho más: sus posibilidades de acertar son las mismas que si no se les proporcionara ninguna regla, porque eligiendo al azar las posibilidades son igualmente del 50%.

  2. 15 LOROS METIENDO PALABRAS EN HUECOS

    Siendo esta epifanía ya reveladora de por sí, hay todavía que añadir algo bastante más grave: que este posible 50% de «aciertos» estadísticos son, en realidad, una rotunda falacia en términos comunicativos. Porque si un estudiante no ha asimilado un significado específico e independiente del Imperfecto y del Indefinido y solo se le indica que debe seleccionar uno u otro según «la palabra que vaya antes», su producción será completamente asignificativa. Es decir, que incluso cuando acierta su acierto vale tanto, comunicativamente, como el de un loro: podemos entenderlo, pero él no sabe por qué lo dice, ni lo que significa, ni lo que significaría haber elegido la forma alternativa.

  3. EQUÍVOCO, EL PEOR DE LOS ERRORES

    Y esto nos lleva a un corolario que allega la devastación de la regla formalista de los marcadores temporales hasta sus cimientos. No solo Jenny tiene las mismas posibilidades de acertar como de errar. No solo incluso cuando acierte lo hará a ciegas, sin ser consciente de lo que dice. Además, siguiendo la regla, incluso cuando sus interlocutores piensen que acierta en realidad está diciendo una cosa completamente «correcta» formalmente, pero completamente diferente de lo que quería decir. Un par de ejemplos, uno más estremecedor que el otro:




Este tipo de Gramática Puzle, guiada por azares formales, en lugar de por significados, no solo es, pues, claramente inoperativa. Es absurda.

Y si esto de «Falacia de la regla tuerta» te pareciera una descalificación muy terminante (¡a pesar del abarrote de pruebas!), no me cierro, si quieres, a dejarlo en los términos más pintorescos de Gramática de la Marmota: de todas las veces que han sacado a Punxsutawney Phil de su madriguera en Pensilvania para dar el pronóstico de la duración del invierno, solo ha acertado el 40% de ellas. Pero lo más importante es que tanto cuando acierta como cuando no, el pobre bicho que supuestamente está informando a la multitud sobre la primavera en realidad no está pensando en la primavera en absoluto, sino en calcular cuándo dejarán de estrujarle los sobaquillos. Y el público, tan ufano, pensando que cuando acierta, ha acertado.