«Las cajitas de música son pequeños estuchitos entrañables y misteriosos que obsequian nuestros oídos en tiendas donde nada de lo que se vende tiene utilidad. Al hacer girar su pequeña manivela se acciona un mecanismo que produce una bonita melodía. Pero si la abrimos comprobaremos que contienen en su interior un verdadero tesoro gramatical. La cajita está formada por al menos estos elementos básicos: – un cilindro metálico con pequeños salientes o púas que gira accionado por una mano curiosa – y una serie de pletinas o láminas elásticas dispuestas linealmente que el cilindro o tambor va levantando, haciéndolas vibrar y producir sonido. Esas pletinas son los tiempos verbales. Las pletinas no suenan (y los tiempos no significan) sin el mecanismo de accionamiento del cilindro, que proporciona el sistema de codificación de la melodía (el significado). Las púas del cilindro son colocadas (por el joyero o por el hablante) en franjas con intervalos ESPACIALES convenientemente dispuestos que haciendo rodar el cilindro a una velocidad constante levantan la pletina sonora del peine metálico y crean la melodía. Al liberarse la pletina (o tiempo verbal) se produce el sonido. El sonido de una lámina no es música, la melodía evocadora (el significado) la crean el tambor y la acción motriz. Ése es el secreto gramatical que encierran: no hay tiempo en la cajita, sólo espacios y acción motriz. Así pues, respecto a los tiempos verbales, no podemos hablar de un sistema temporal, pero quizás sí de un bello y exquisito procedimiento de relojería.»

Nuria Estevan

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