Cuando descubrí que los tiempos verbales no significan tiempo, en ese mismo instante me di cuenta de que no podían significar otra cosa que espacio. Era tan abrumadoramente lógico que el primer verano que pillé libre tecleé una tesis de 450 páginas explicando cómo un mapa espacial del sistema verbal podía inyectar lógica a aquellas largas listas autocontradictorias de usos que salían de la fotocopiadora.

Desde entonces he ido encontrando tantas expresiones espaciales para hablar del tiempo, y tan descaradas, que todas las páginas de las Metáforas de la vida cotidiana de Lakoff y Johnson se quedan en un puñado de porejemplos. Así acabé enseñando a mis alumnos en mis clases, y en algún que otro libro, que el presente es ‘aquí’ y el pasado es ‘allí’ ante la contumaz estupefacción de algún que otro cognitivista (de obediencia langackeriana, naturalmente).  A pesar de ello, nunca albergué arrepentimiento, pesambre o regomello alguno por levantar la bandera de esta heterodoxia contra las huestes de la tradición y la autoridad de la secta. Particularmente no después de enterarme un poco de qué iba eso de la Lingüística Cognitiva o de bucear en el origen espacial del tiempo tanto en las lenguas más conocidas como en las más exóticas. Como ser por ejemplo el güicomuncano, donde al tiempo se le identifica prácticamente con el dedo:

¿Será el español tan antiguo y exótico como estas lenguas antiguas y exóticas? Dirá el costumbrista que qué va, que ahí están las palabras presente, pasado y futuro para atestiguar que sí tenemos vocablos que se refieren directamente al tiempo sin mancha de espacio, que más prueba que esa qué quieres. Pero dirá impostura. Cansado de escribir sobre esto, el otro día lo dibujé, y aquí vengo a dejaros prueba gráfica de que ni siquiera las palabras «de tiempo» presente, pasado y  futuro son lo que parecen.

Podría objetarse, y se haría bien, que así y todo los participios latinos que dan origen a las palabras «presente», «pasado» y «futuro» señalan, al fin y al cabo, «tiempos». ¿Por qué otra razón se les llamaría precisamente en latín participios de presente (praesens es participio «presente» de praessentare), de pasado (passatus es participio «pasado» de passare) y de futuro (futurus es el participio «futuro» de esse)?

Sin embargo, esto es una interpretación apresurada.

En realidad, lo que un participio expresa es la cualidad de un objeto, y resulta que esta cualidad se puede referir a cualquier tiempo en cualquier caso:

  • Participio de «presente»: Soy estudiante en este momento, era estudiante antes, seré estudiante en el futuro.
  • Participio de «pasado»: Soy respetado hoy, era respetado ayer, será respetado siempre.
  • Participio de «futuro»: Los que han de morir (murituri) ahora te saludan, los que habían de morir entonces lo saludaron, los que habrán de morir mañana lo saludarán.

Por tanto, bien mirado, el trampantojo de «tiempo» que generan los participios latinos de «presente» y «pasado» es en realidad aspecto, y el de «futuro», en realidad, es modo:

  • el participio de presente es una cualidad en curso (en cualquier tiempo)
  • el de pasado es una cualidad adquirida por el sujeto (en cualquier tiempo)
  • y el de futuro es una cualidad potencial del sujeto (en cualquier tiempo).

Son tan abundantes las pruebas de que el tiempo es espacio para el homo sapiens, que aun si quiséramos reunirlas todas, en una sola vida no dos daría lugar. Sic!