Una consulta motiva este post que, como mi buena amiga y colega Sonia sabe pero quizá no todo lector, se remonta a aquí, aunque el antecedente inmediato es un comentario suyo conteniendo (sic) un festival de ejemplos que merecen gran atención, pero también ser confrontados con sus némesis.

Si no entendí mal, el núcleo y la periferia de la argumentación en este comentario giraba en torno a la siguiente idea: en las oraciones subordinadas temporales, lo relevante no es declarar el momento, sino la propia acción. Yo creo que las evidencias dicen todo lo contrario. Creo que siguen diciendo -o eso oigo yo- lo mismo que decían cuando establecí el concepto operativo de “Contexto 3” aquí. Que es, en radical síntesis, lo siguiente:

a) En las oraciones de relativo, el modo del verbo subordinado sirve a la identificación (indicativo) o no-identificación (subjuntivo) del antecedente.

b) Las oraciones temporales (como también las de modo, lugar o cantidad) son oraciones de relativo.

Como contestar a ese comentario como Sonia merecía me hubiera exigido un comentario de volumen anormal, he dado en dar a esta contestación forma de post. Concretamente, como observo apenado a posteriori, de post de también anormal volumen. Un festival de contraejemplos que ponen la tesis del subjuntivo de la incerteza del hecho y la irrelevancia de la identificación en el contexto 3 frente a un espejo cóncavo. ¿Preparados? Interpretemos español.

 

CERTEZAS DE QUÉ Y CERTEZAS DE CUÁNDO

 

No puedo ver, por más que miro, en qué sentido es posible interpretar que en ejemplos como “Cuando ella viene/venga” que el hablante está centrado en declarar su certeza de que venga o no, ya que la elección de “cuando” en sí misma implica en todo caso que la futura “realización” del predicado subordinado se da por supuesta. En caso contrario, el hablante elegiría, por ejemplo, una estructura condicional. Lo sintetizaba así, con la necesaria simplicidad de lo pedagógico, en el curso avanzado Abanico:

Cuando vaya, porque sé que iré en algún momento. (Abanico, p.156)

De hecho, en los mismos ejemplos a que Sonia se refiere se puede ver que en cualquier caso el hecho de que ella venga se asume de entrada, y la única diferencia apreciable es el momento en que ella pueda venir. Las certezas sobre el qué tienen que ver con la declaración o no del qué (contextos 1 y 2), y se expresan así:

  1. Tengo certeza de que viene en marzo.
  2. No tengo certeza de que venga en marzo.

Las certezas sobre el cuándo tienen que ver con la declaración o no del cuándo (contexto 3):

3. Cuando ella viene [porque ella vendrá, concretamente en marzo] hace un tiempo maravilloso aquí.

4. Cuando ella venga [porque ella vendrá, más tarde o más temprano] nos vamos de excursión.

 

SI EL INDICATIVO NO IDENTIFICA EL MOMENTO, ¿QUÉ PINTAN AQUÍ ESTOS SUBJUNTIVOS?

 

Ejemplos como el siguiente, sostiene Sonia, “no implican que el hablante sepa (o identifique) el momento”:

5. Se fueron en cuanto llegó Jorge.

Puede que me equivoque, pero percibo aquí trazas de una falacia en la que es fácil, y muy frecuente, incurrir. La falacia objetivista consistiría aquí en suponer que para identificar lingüísticamente un momento hay que desvelar el momento físico extralingüístico de que se trata. Lingüísticamente hablando, se puede entender fácilmente que el momento está perfectamente identificado en términos experienciales: se fueron en el momento en que se produjo efectivamente la llegada, en ese momento asimilado al evento que se declara ocurrido y no en cualquier momento en que pudiera haberse producido. Y la prueba del algodón es el hecho de que es perfectamente posible que el momento en que se fuera (“fuera”) no se identifique, mostrando hermosamente un contraste especular al ejemplo 5 que demuestra que lo que está en juego, otra vez y siempre, es la identificación del momento a través de la declaración del hecho, no la declaración del hecho en sí mismo. Con un ejemplo de mi cabeza (6) y dos que te da Google si le pides ocurrencias literales de “supongo que cuando saliera” (7 y 8):

6. – ¿Cuándo salió Jorge? ¿No salió a las seis?

    – Cuando saliera, ¿eso qué más da?

7. Durante la clase del doctor, que se hizo algo aburrida, le mandé mensajes a Elia, supongo que cuando saliera de quirófano lo vería.

8. Supongo que cuando saliera expulsada, su primera declaración sería: “Es que dentro todo se magnifica, no se puede explicar con palabras”.

Y esto al lado de otro detalle no menos prominente: que allí donde el indicativo es posible (7 y 8, interesantemente no 6, donde está en entredicho explícita y precisamente la identificación del momento) la diferencia que se percibe de manera clara es que el hablante adopta la perspectiva de identificar el momento con el indicativo, y la de no identificarlo con el subjuntivo, como aquí:

Supongo que cuando Jorge salió, (en ese momento preciso en que se sabe que salió) los perros se asustarían.

Supongo que cuando Jorge saliera (fuese cuando fuese que saliera) los perros se asustarían.

Y todo esto, a mayor abundancia, sin haber hecho comprobación de la tesis de que es el la certeza sobre el cumplimiento del hecho lo que se declara o no: ¿en serio que Hermenegilda usa subjuntivo en 6 porque no tiene certeza del hecho de que su tío saliera? ¿Nos dice este subjuntivo que Hermenegilda sospecha que su tío puede que esté todavía dentro de la casa?

Yo qué sé cuándo salió Jorge y Jorge afuera

Marque la forma más verosímil en cada caso:

  1. Pobre Jorge, comido por los perros en su propio jardín. Salió a las 3:00pm a regar las plantas, y mi hipótesis es que cuando él salió/saliera de la casa, la jauría ya lo esperaba en la puerta.
  2. Pobre Jorge, comido por los perros en su propio jardín. No tengo ni idea de cuándo salió, pero me imagino que cuando salió/saliera, la jauría lo estaría esperando en la puerta.

Y ahora valore qué es lo que ponen en juego el indicativo y el subjuntivo: ¿si importa o no el momento, o si el pobre Jorge salió o no salió?

 

USO DEL MODO EN HÁBITATS EXTREMOS

 

Aunque no es un problema que plantee el comentario de Sonia en absoluto, creo que es aquí necesaria una breve reflexión sobre lo que se suele llamar “usos periféricos”, dado el uso intensivo que yo hago de estos usos. Entiendo, en este sentido, que ejemplos como el siguiente puedan ser calificados de “raros”, por lo extraordinariamente preciso del contexto necesario y la poca frecuencia con que, por tanto, ocurren:

9. No te preocupes por el frío. Cuando tú {vas/vas a ir/irás}, hace un tiempo maravilloso allí.

Lo que no entendería es que los usos poco frecuentes se pudieran considerar ilegítimos, como a veces se hace, por el solo hecho de ser poco frecuentes o contextualmente muy exigentes. Como es de común predicación en la filosofía que sustenta la lingüística cognitiva, si hay un espacio donde los significados delatan sus esencias es en las fronteras, y las fronteras, por desgracia, suelen ser suelo virgen en nuestros análisis lingüísticos de y para el aula. A pesar de lo que comúnmente se piensa, la frecuencia es un parámetro perfectamente irrelevante en gramática, como lo es en toda otra mecánica de obtención de efectos: lo que importa para determinar cuál es el valor de una forma no es cuántas veces sucede; lo importante es qué, cuándo y por qué sucede.

Épatant le grammairien

Un tenedor, por ejemplo, actúa como un tenedor y manteniendo todas sus propiedades tanto si se usa para pinchar una aceituna como si se usa para limpiar los recovecos de las uñas. Con otras palabras, si se usa como limpiauñas con éxito, aunque solo sea una vez, es porque tiene características que se lo permiten y, por tanto, hay que comprobar cuáles son. Si son las mismas que determinamos para su uso aceitunil, obtenemos una confirmación. Si son diferentes, habrá que revisar lo que creíamos. El que quiera agotar las vías de conocimiento de sus características tendrá que admitir este uso a trámite como, o admitir que sus reglas tienen un alcance limitado.

En este ejemplo 9 de arriba sucede que el indicativo para el futuro es obligatorio para decir lo que se quiere decir, que es asegurar que encontraremos una meteorología maravillosa en un determinado lugar en una fecha perfectamente determinada, pero muy especialmente en esa fecha y no en cualquier fecha. Lo cual se puede comprobar de manera palmaria con la prueba del algodón del contraste que supone el subjuntivo. En 10 se afirma, si no interpreto mal mi propia lengua, que reinará el buen tiempo en el momento (que yo sé) que tú vas, y comprometo mi credibilidad a que va a hacer buen tiempo en ese momento en que yo sé que tú vas porque tú me lo has dicho, que es, pongamos, marzo, pero eso no significa en absoluto que me comprometa a que haga buen tiempo si cambias la fecha de tu visita:

10. Cuando tú vas hace buen tiempo, no te preocupes.

En 11, en cambio, el hablante se está arriesgando, en mi opinión, mucho (o resulta que el destino es tropical), porque o entiendo muy mal o veo que se está despreocupando al interlocutor sobre una base incierta:

11. Cuando tú vayas hace buen tiempo, no te preocupes.

Es decir, “vayas cuando vayas”. Si esto es verdad, es decir, si sé que va a hacer buen tiempo todo el tiempo, entonces nada que alegar. Si por el contrario está hablando de un destino donde solo hace buen tiempo, pongamos, en marzo, y el resto del año es horroroso, me atrevo a apostar el cuello a que 13 no ha sido pronunciado por un nativo.

Pero no solo indicativo y subjuntivo parecen poner de relieve aquí que la identificación del momento es lo relevante. Incluso -como por otra parte era de esperar- las diversas opciones de declaración juegan el papel modal que el sistema les ha otorgado. No entiendo, pues, qué se quiere decir cuando se dice en el comentario que la opción “irás” no es oportuna. Considerado con cierto detenimiento, de hecho es la única opción que tengo cuando quiero decir lo que la opción dice, y no otra cosa:

12.Cuando tú vas: ‘el momento identificado en que está establecido que vas’

13. Cuando tú vas a ir: ‘el momento identificado en que planeas ir’

14. Cuando tú irás: ‘el momento identificado en que me imagino que irás’

Si, como sugiere Sonia, “el uso del indicativo (vas/vas a ir) no se debe a la identificación del momento sino a la certeza que el hablante tiene sobre el viaje que vas a hacer”, entonces habría que admitir, en buena lógica, que el uso del subjuntivo se debe corresponder con la falta de certeza que el hablante tiene sobre el viaje. Pero parece que no es así:

15. Cuando tú vayas, se lo das. (No tengo la menor duda de que vas a ir tarde o temprano, por eso te digo que se lo des cuando vayas -sea cuando sea).

Sobre el resto de ejemplos que en el comentario se analizan bajo la misma lógica (el subjuntivo implica falta de certeza de que el hecho se vaya a producir) no puedo hacer otra cosa que reiterar el mismo inconveniente para todos y cada uno de ellos: el subjuntivo se usa con certeza absoluta de que el hecho se producirá, lo que no se sabe es cuándo.

¿Algunos de los ejemplos suenan poco frecuentes? ¿Suenan raros los ejemplos 3, 9 o 12 en el ejercicio de El Ventilador de la imagen? ¿Deberíamos ocultarles a los estudiantes de manera sistemática usos como estos casos de “cuando para hablar del futuro” con indicativo obligatorio?

MATRICES EXÓTICAS Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

 

Para otro de los ejemplos de El Ventilador de indicativo obligado con estructuras ecuativas

16. Yo iré a Berlín en verano que es cuando {va/va a ir/irá/*vaya} Vicente.

sostiene Sonia que aquí lo decisivo es

la sintaxis, pues la relativa no se relaciona directamente con “iré a Berlín” sino con “en verano”, y es esto lo que impide el uso del subjuntivo: en verano es cuando vaya Vicente. (…) De hecho si quitamos “en verano” tenemos lo siguiente: Yo iré a Berlín cuando {va/va a ir/*irá/vaya} Vicente.

¿Quiere esta observación decir que “en verano” es una matriz que exige indicativo? En este contexto, “en verano” es “cuando sé que va Vicente” o “cuando supongo que irá Vicente”. Por eso:

       En verano es cuando va / irá Vicente.

       En verano es cuando *vaya Vicente.

Además,

En mi opinión, la opción en futuro (irá) no es posible porque no podemos situar una acción supuesta (iré a Berlín) en relación a otra acción también supuesta (irá Vicente)..

Y yo me pregunto cuál será la ley no escrita que hace imposible situar una acción supuesta en relación a otra acción también supuesta. Porque el ejemplo 19, que hace precisamente esto, parece encajar por derecho y méritos propios en esta serie de multiformes combinaciones de grados declarativos:

17. Iré cuando va Vicente: ‘supongo que iré a Berlín en marzo, en el momento en que que va Vicente’

18. Voy / Voy a ir cuando irá Vicente: ‘ya que voy a ir a Berlín en el momento identificado en que supongo que irá Vicente’

19. Iré cuando irá Vicente: ‘supongo que iré a Berlín en el momento identificado en que supongo que irá Vicente’

20. Iré/Voy/Voy a ir cuando vaya Vicente: ‘…en el momento no identificado todavía en que pueda ir Vicente, sea cual sea ese momento’

Todo un festival de identificación de momentos con diferente grado de seguridad sobre la identificación (17-19) haciendo frente común a la no-identificación (20). Me parece.

 

UNA COSA ES UNA COSA, Y OTRA COSA ES UN TIPO

Sostiene el comentario:

Podemos hablar de “una cosa que tiene cuatro patas” aunque no identifiquemos tal cosa ni sepamos qué tipo de cosa es exactamente:

    Me dijeron que en el desván hay una cosa que tiene cuatro patas. No sé si es una mesa, una silla o un taburete, pero está a nuestra disposición si queremos hacer uso de ello.

Mesa, taburete y tipo

 

Cuando decimos “una cosa que tiene cuatro patas” no identificamos, efectivamente, el tipo de cosa. Lo que identificamos es la cosa como cosa (igual que podemos identificar o no una silla como silla o un taburete como taburete). Decimos, por tanto, que nos estamos refiriendo a una cosa concreta e identificada por la experiencia aque existe de ella y que tiene cuatro patas. Y una posible prueba del algodón relevante aquí podría ser esta: si el uso del indicativo no implicara la identificación, 20 sería posible:

20. Mira, necesito algo para apoyarme, me da igual lo que sea, tú tráeme cualquier cosa que *tiene cuatro patas.

Pero resulta que no lo es, porque el uso del indicativo dispara una insoportable contradicción con la evidente intención del hablante de no identificar el objeto.

Lo cierto es que si usamos el indicativo sí identificamos la cosa (el tipo de cosa es otra cosa) en el sentido en el que he venido usando este término todo el tiempo. De hecho, en el propio ejemplo que se aduce como prueba de que la cosa no está identificada se puede ver claro como el agua en qué sentido esta cosa sí está perfectamente identificada. Basta con encontrar a un tipo y una tipa que quieran interpretarlo.

 

OLIVERIA Y DURETE, UN TIPO Y UNA TIPA GLOSANDO COSAS

 

Si la gramática está viva lo está en la piel de aquellos que la usan. Dejemos que los ejemplos adquieran vida en dos humanos perfectamente normales y mentalmente sanos (otra cosa puede ser su estilo) y sigamos el rastro del significado modal en los finos hilos de sus barrocas glosas:

 

Oliveria: Me dijeron que en el desván hay una cosa que tiene cuatro patas. No sé si es una mesa, una silla o un taburete, pero podemos hacer uso de ello, Durete.

Durete: Veo, por el modo indicativo que usas en “tiene”, que quieres indicarme que tú tienes certeza de la existencia de una cosa.

Oliveria: No, Durete. Te indico la existencia de una cosa cuando digo que “hay una cosa”, con indicativo. Con “tiene” lo que declaro es una característica de esa cosa.

Durete: Sí, pero ¿te refieres a una cosa concreta y singular con cuatro patas perfectamente identificada, es decir, singularizada entre todas las que responden al mismo nombre de “cosa”, o te refieres a cualquier cosa que tenga cuatro patas, no importa qué cosa sea?

Oliveria: Pues mira, si puedo decir tiene cuatro patas es porque me refiero a una cosa con cuatro patas súper concreta: esa cosa con cuatro patas que ellos me dijeron que estaba en el desván y que podíamos usar cuando quisiéramos y que por eso yo puedo declarar que tiene cuatro patas. Me refiero a esa precisa cosa, no cualquier cosa con cuatro patas que se te pueda ocurrir y que tenga cuatro patas.

Durete: Pero tú misma has dicho que no sabes qué cosa es en realidad, si es una mesa o una silla o un taburete…

Oliveria: La realidad no es la lengua, Durete. Yo no he dicho que esté identificada por experiencia física mía, que también podría ser. Yo la doy por unívocamente identificada en mi discurso como aquella cosa con cuatro patas que ellos dicen, supongo que por su experiencia, que está en el desván. En realidad, en el propio acto de decir que existe una cosa con cuatro patas en el desván ya estás identificando esa cosa entre todas las cosas posibles con cuatro patas: de todas las cosas posibles con cuatro patas, esta es una que está en el desván en el momento en que estamos hablando. De hecho, tú esperas encontrar solo una cosa con cuatro patas, no muchas cosas diferentes con cuatro patas entre las cuales elegir. Si fueras al desván y encontraras allí diferentes cosas con cuatro patas te quejarías, con razón, de que no puedes llevar a buen término el encargo porque el informante no te ha sido suficientemente informativo. Para ser un buen hablante este informante debería haberse decidido por no identificar, dejándote la decisión a ti (“vale, cualquier cosa que tenga cuatro patas me vale”) o bien haber especificado lo suficiente para que esta cosa fuera identificable entre el resto que pueblan el desván (“una cosa que tiene cuatro patas y un colgajo amarillo”, por ejemplo).

Durete: Pues aquí donde me ves, que ni se me ha demudado el gesto desde que empezamos a hablar, me está entrando un dolor de cabeza con tus explicaciones considerable.

Oliveria: Anda, calla y tráete alguna cosa del desván que tenga algo de alcohol dentro.

Durete: ¡Ajajá! ¡Ese subjuntivo significa que no sabes si hay algo que tenga alcohol en el desván o no! ¡No sabes si existe una cosa que tenga alcohol dentro o no! ¡Existencia, divina regla!

Oliveria: No, hijo mío, no. Sé perfectamente que existen cosas en el desván que contienen alcohol. Es más, tengo identificado físicamente -ya que eres tan amante de lo físico- lo que hay allá dentro, porque lo puse todo allí hace diez minutos yo misma: una botella de ron casi vacía, seis latas de cerveza calentona, una garrafa de vino mosto que me trajo mi suegro ayer y una cantimplora militar con el escudo de La Legión rellena de orujo. Si te digo que te traigas una cosa que tenga alcohol es porque me importa un pimiento qué cosa que tenga alcohol te traigas. Cualquiera, sea la que sea y fuere la que fuere, nos vendrá bien para salir de este brete, Durete.

 

ACCIONES FUTURAS QUE NO PODEMOS DECLARAR COMO CUMPLIDAS, PLEONASMO

 

Sí, el metalenguaje es un problema, y cualquier palabra que apliquemos a un concepto, además de aportar luz a lo que se trata de designar, por fuerza arrastrará significados indeseables que dificultarán su entendimiento. El concepto de “identificación” aplicado aquí no es una excepción. Yo soy el primer interesado en encontrar la palabra que designe de manera perfecta lo que el modo hace en el contexto 3. Incluso estoy dispuesto a llamarlo X. Pero desde mi punto de vista, como he tratado de demostrar, ello no significa que el concepto de identificación, incluso entendido de manera trivial, no sea una herramienta válida para entender y explicar el modo verbal en estas estructuras. Pero sobre todo, ello no puede significar que la verdadera razón que mueve al uso de indicativo o subjuntivo en estas estructuras sea la mera declaración del hecho en sí mismo o su no-declaración por falta de certeza del hecho. Que esto es insostenible lo vuelven a ilustrar bien, creo, todos los ejemplos que generosamente Sonia aporta. Y estando al final del post, vayamos a los ejemplos finales:

En realidad, podría darte multitud de ejemplos, pero me limitaré a un par más:

  •           10. Los alumnos que suspendan, tendrán que repetir el curso.
  •           11. Los alumnos que suspenden, tienen que repetir el curso.

En 10 no usamos el subjuntivo porque hablamos de alumnos no identificados sino porque hablamos de una posible acción futura que no podemos declarar como cumplida; mientras que en 11 no usamos el indicativo porque identifiquemos a todos los alumnos que han suspendido o suspenden sino porque hablamos de una acción habitual de la que tenemos conocimiento y/o experiencia.

Los que van a morir, que son los de abajo, saludan a Vitelio, arriba

Que el modo verbal no tiene nada que ver con la declaración o no de los hechos en sí mismos se ve con  claridad en toda la multitud de ejemplos que no se dan, pero se podrían dar. Como los siguientes:

  • Posibles acciones futuras que no podemos declarar como cumplidas, con indicativo (!) (porque la instancia se presenta como identificada):

21. Los alumnos que van a ser nombrados podrán optar a un premio.

22. La persona que llamará a tu puerta te entregará un mensaje cifrado.

  • Acciones habituales de las que tenemos conocimiento y/o experiencia con subjuntivo (!) (porque la instancia se presenta como no indentificada):
23. Esta ayuda se suele repartir entre los que tengan cargas familiares.
  • Acciones pasadas de las que tenemos conocimiento y/o experiencia con subjuntivo (!) (porque la instancia se presenta como no indentificada):
24. No sé qué pasó el año pasado con todos aquellos que no superaron la prueba, pero me imagino que los alumnos que suspendieran tendrían que repetir el curso, ¿no?

(‘tengo conocimiento y experiencia del hecho de que algunos alumnos suspendieron, pero uso el subjuntivo -“que suspendieran”- porque quiero desidentificarlos: fueran quienes fueran, porque no importa quiénes fueran, supongo que tendrían que repetir el curso’).

Todo ello sin que se deje de notar, quisiera advertir, que la discusión a que he sometido a estos ejemplos de “oraciones relativas o adjetivas” es la misma y emplea la misma lógica que la que he aplicado a todos los ejemplos de “oraciones adverbiales de tiempo”. Como dije al principio y surge, al final, como una profecía, todas estas estructuras divorciadas por la tradición son, en realidad, una misma estructura operativa que di en llamar, a falta de mejor nombre, Contexto 3.

 

SENTIR, EPÍTOME DE ENTENDER

 

Y dejo ya en paz al lector (con el que toda buena entendedora se identificará) no sin agradecer el festival de ejemplos de Sonia y pedir perdón por si se considera -que es fácil considerar- que mi festival ha salido más largo y pesado y repetitivo de lo que debiera. Lo siento, me gustan los festivales de cosas, como el festival de marisco o de verduras porque te ofrecen la esencia de las cosas a través de las diferencias y variaciones con que se manifiestan, sin esfuerzo, o sin más esfuerzo que el de ir degustando pieza a pieza con paciencia y respetando las condiciones para que el estómago haga su trabajo relajadamente. Me gustan los festivales de estilo indirecto, los festivales de preposición “a” con complemento directo de persona o los festivales de sinónimos, antónimos e ideas afines porque permiten entender conceptos y lógicas endiabladamente abstractas y difíciles de explicar sin esfuerzo, o sin más esfuerzo que el de ir entendiendo los ejemplos uno a uno y dejando que nuestro inconsciente vaya sintiendo poco a poco la lógica que los hila.

Por eso me ha gustado hacer este festival respondiendo al festival de Sonia, a pesar de lo largo y apretado de su tejido, porque me hace pensar que tratando de interpretar uno a uno muchos casos, casos centrales y fronterizos, casos vulgares y exóticos, casos que parecen distintos pero al final son misteriosamente iguales, acaso el nombre de la regla se acabe haciendo innecesario y podamos al final llamarla X. Y admirar la rosa, que es lo que importa, libres del capricho de su nombre.