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El significado gramatical se define en el interior del sistema dentro del cual funciona. Es imposible darle un valor realmente operativo al “adverbio de lugar” ahí sin situarlo en en interior del microsistema aquí/ahí/allí, o del “demostrativo aquel sin hacer lo propio respecto del contraste que genera en el interior de este/ese/aquel. Esta lógica de lupa de relojero sigue funcionando cuando alejamos el foco y vemos los microsistemas mayores en que estos microsistemas menores se engarzan, y entonces, solo entonces y si la fortuna nos sonríe, podemos ser testigos de cómo decenas de formas aparentemente dispersas  que solo hemos conocido atomizadas en forma de listas comienzan a tomar forma en un cuerpo de significado mayor que ellas a la que cada una de ellas aporta un pequeño superpoder. En el caso que nos ocupa, esta identidad compartida por todas ellas descansa en la división del espacio de acuerdo con las personas gramaticales. De la tríada yo, tú, él surge así un voluminoso cuerpo, con sus variaciones de género y número, en el que se inserta una insospechadamente grande y redonda cantidad de formas que no merece otro nombre que el de espacios personales.

Todo lo que antecede parece muy teórico, pero solo quiere ser verdad. Y si la verdad fuera esa, ¿no sería importante tenerla en cuenta para diseñar planes y materiales de instrucción? Este es uno de mis intentos, con explicación y ejercicio cuya hoja se puede descargar aquí:

69 espacios Hoja del alumno

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